Eduardo Fernández: ¿Votar o no votar?

Yo entiendo que votar es un acto de rebeldía. No pienso renunciar a la esperanza. No pienso renunciar a la lucha por construir un país mejor. No tengo otras armas que la palabra, escrita y hablada, y el voto. No tengo armas de guerra. Además, aborrezco la violencia.

 

La catástrofe del 15 de octubre y, sobre todo, los acontecimientos posteriores, como la juramentación ante la Asamblea Nacional Constituyente de cuatro de los cinco gobernadores electos en la plataforma de la oposición y las peleas insólitas entre los dirigentes de los partidos representados en la Mesa de la Unidad Democrática, ha replanteado la discusión entre votar o no votar.

Yo voy a votar. Los argumentos que prevalecieron en mi ánimo para votar el domingo 15 de octubre siguen vigentes. Para mí no fue una sorpresa que el Gobierno fuera tramposo. Tampoco me sorprendió que el CNE se prestara a todas las maniobras del Gobierno para ganar las elecciones. Todos sabemos que enfrentamos a un Gobierno tramposo y a un Poder Electoral cómplice.

Yo voté el 15 de octubre a conciencia de esa realidad. Voté, además, a pesar de la acumulación de errores de los dirigentes opositores. Tal vez la única sorpresa para mí fue la juramentación ante la ANC de los cuatro gobernadores electos por la oposición, pero a pesar de eso, estoy dispuesto a volver a votar. ¿Por qué? Porque el voto es un deber y es un derecho. Yo quiero cumplir mi deber y ejercer mi derecho. Un Gobierno tramposo y un liderazgo opositor errático no me van a impedir cumplir con mi deber y ejercer mi derecho.

Yo tengo derecho a que el Gobierno y el CNE cumplan su deber de respetar y defender mi voto. Si no lo hacen, allá ellos con su conciencia y con su responsabilidad. La conducta de ellos no me compromete a mí. Yo estaré tranquilo con mi conciencia si cumplo con mi deber de votar y ejerzo mi derecho al sufragio. Por lo menos que tengan que darse el trabajo de robarme mi voto, pero no se los voy a regalar.

Yo entiendo que votar es un acto de rebeldía. No pienso renunciar a la esperanza. No pienso renunciar a la lucha por construir un país mejor. No tengo otras armas que la palabra, escrita y hablada, y el voto. No tengo armas de guerra. Además, aborrezco la violencia. Pero es que en el terreno de las armas de guerra el adversario es más poderoso.

Las únicas victorias que la oposición ha logrado en los últimos 18 años han sido en el terreno electoral. En diciembre de 2015 obtuvimos una clamorosa victoria en la elección de la Asamblea Nacional. Por cierto, con el mismo CNE que tenemos ahora. Que los dirigentes de la oposición hayan despilfarrado esa victoria electoral no es mi culpa. Yo cumplo mi deber y ejerzo mi derecho. ¡Yo voto!

Seguiremos conversando.

Eduardo Fernández

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