Juan José Monsant Aristimuño: Ritos y paradigmas

 

En una oportunidad me vi envuelto en el entierro de un malandro (en Venezuela llaman malandro a un maleante de poca monta, un marero, normalmente extraído de barrios marginales, mal hablado y mal encarado)

 

Han llegado a constituir un segmento de la sociedad paralelo al habitual de cualquier ciudad del orbe, incluyendo aquellas situadas en países altamente desarrollados de nuestro hemisferio. Ese inframundo que convive entre nosotros, algo me recuerda al film Mad Max dirigido por el australiano George Miller, y protagonizado por el también, en aquél entonces, joven australiano Mel Gibson en 1979, convertido hoy en un clásico del género apocalíptico de la civilización actual.

Bajaba del boulevard de Sabana Grande, otrora zona de poetas, pintores, intelectuales, tiendas de moda, cafés, tascas, trattorias, cines, librerías, revolucionarios de cafetín, discretas  “casas de cita”, hacia donde moría el Distrito Capital y surgía Chacaíto, el Distrito estrella del Estado Miranda del Este de la ciudad, cuando me vi rodeado de una multitud de motociclistas y personas agitadas que surgían de uno de los corredores aledaños, rodeados de tarantines informales de venta de ropa, Cd`s pirateados, celulares, zapatos deportivos, drogas, gorras de béisbol, carteras, bisuterías, camisetas del Real Madrid, el Barsa y la Vino Tinto, justo al lado de donde antes se encontraba la sede de la Federación Venezolana de Ajedrez, fundada por el cordial empresario Rafael Tudela.

Los motorizados exhibiendo sus pistolas plateadas disparaban al aire, mientras un par de enormes cornetas colocadas a un costado de la acera dejaba oír, a todo volume, un reguetón de moda acompañando un féretro que se bamboleaba sobre difusos anónimos hombros an1ónimos. Era el cuerpo del malandro que había sido asesinado la noche anterior en ese corredor informal. Allí me quedé, estático, asombrado y fascinado por el espectáculo tan fuera de sí, para los cánones que hasta ese momento había conocido. Pregunté y me explicaron; indagué y constaté la veracidad del rito y su origen, ya enraizado en nuestro pequeño apocalíptico cambio civilizatorio.

Recién, recibo un vídeo sobre un entierro similar al anterior; esta vez, la urna rodeada de motorizados y amigos del fallecido se encuentra asentada sobre precarios andamiajes, donde una joven mulata de muy precaria falda, subida en jarras, realiza una danza de movimientos sexuales desenfrenados mientras es coreada por la multitud. Poco después, otra joven se monta a caballo en la parte trasera ¿o delantera? del féretro, y al ritmo de un estridente rap lo acaricia con su sexo que baja y sube, y desliza a lo largo del cajón, mientras una doliente las refresca vaciándoles agua de un desvaído balde amarillo, y manos sin rostros colocan ramas de pino sobre el féretro. Sin detenerse, las dos mujeres, viudas o amantes del difunto, aceleran sus orgásmicos movimientos, respaldados seguramente por algún alucinógeno.

La destrucción de Venezuela no solo ha sido material, es, en esencia, moral y cultural. Se produjo un cambio de paradigma muy significativo, aquello que llaman idiosincrasia de un pueblo cambió ¿es bueno, es malo? Simplemente cambió. El siniestro objetivo de hacer desaparecer los valores arraigados en la clase media se cumplió, solo queda la masa y la nomenclatura gubernamental. Ni Cuba en estos 50 años de comunismo logró tal objetivo. Emergió el inframundo visualizado por los griegos para explicar lo contrario a la verdad, la armonía, lo bello, la razón, y se posesionó el canibalismo espiritual visualizado en las terroríficas pinturas medievales de Brueghel y El Bosco.

No deja de maravillarnos, el presenciar un fenómeno de involución civilizatorio en tiempo real, claro desde el punto de vista intelectual; transitarlo es francamente traumático, y muy pocos logran sobrevivir al cambio. Tampoco se trata de criticar o analizar sus causas, que bien se puede hacer, pero no modifica la realidad. Lo primero es asimilar que se está dando un cambio civilizatorio que, en el caso que nos ocupa, estimo es para mal. Pero es irreversible, a menos que se apliquen soluciones finales, y sabemos que no funcionan.

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