Manuel Ávila: Tiempos de libertad

Los mismos que ayer criticaron los gobiernos de turno por corruptos e ineficaces llegaron al poder entre golpes de Estado y el olor a pólvora como su marca de fábrica.

 

Si los mismos que combatieron los gobiernos democráticos desde la clandestinidad con lenguaje duro y rancio de revolución se montaron en el poder a girar sobre las olas de la corrupción, a demoler las instituciones y a pretender instalar un modelo de Socialismo obsoleto y cargado de emplastes de la revolución cubana.

Pero como todas las copias son malas estos izquierdosos de la palabra ultrosa terminaron destruidos por sus propios fantasmas del pasado.

Todo el mundo creyó que esos disfraces de demócratas venían con el afán de redención social y terminaron estafados por sus propias ambiciones milenarias.
La lluvia de proyectos populistas inacabados se esparcieron por toda la República como una parásita para apoderarse de los cimientos de ivas soporte de un disfraz democrático que terminó convertido en una especie de judas de la desvirtuada sociedad cívico-militar. Todo comenzó mal cuando el Eterno tuvo que entregarle el poder a los militares para escapar de intentonas que trataron de parar la locura de proyecto político sin fin.

Ahí comenzó el juego perverso de robarle hasta el alma a la Venezuela petrolera que vio crecer las cuentas bancarias de más de 2 mil generales convertidos en potentados por obra y gracia de las concesiones otorgadas por Papá Estado para amarrarle la conciencia libertaria a quienes tiraron por la borda la salvación del país.

Más nunca esta sociedad saldría de una permanente lucha por el poder que cayó en manos de unos desalmados que se negaron siempre a ir a elecciones libres porque se le agotó el amor del pueblo.
De la noche a la mañana los chavistas se quedaron sin la herencia del voto popular que le dejó Chávez para que administraran la riqueza petrolera por los siglos de los siglos.

Y los petimetres de la democracia sacaron las uñas y guardaron aquellas consignas de democracia y libertad para esconder el miedo a contarse de nuevo en las urnas electorales. Se quedaron sin el afecto de la gente cuando empezó la crisis económica y social que preparó el terreno para sacar del poder a las mafias militares y a sus aliados de la élite empresarial venezolana.
Todo se vino abajo como se cae un edificio mal construido porque el andamiaje de su estructura fue fabricado de hule y cartón.

Con razón su ideólogo Jorge Rodríguez empezó a tejer escondrijos para evadir por siempre cualquier medición electoral, pues con la debacle del 6D del 2015 no quedó hueso sano en una armazón pre fabricada con mucha tierra y sin cemento.

Apenas si al gobierno le quedaron vivas algunas consignas socialistas sin asideros para gritarlas en una sociedad de hojas muertas. Por eso llegaron al extremo de dar un golpe continuado que se inició con la inhabilitación de la AN. El organismo que pondría freno al malandraje en las arcas del Estado, pues evadir los cercos legislativos los llevó a suicidarse ante los ojos del mundo.
Perdieron la ruta democrática una vez más y no tuvieron la posibilidad de convencer al mundo de su inocencia en el manejo perverso de las trampas electorales y sobre todo de justificar la destrucción de una nación condenada a la pobreza suprema.

Más nunca regresó ña revolución a los caminos de la esperanza y por eso están perdiendo una pelea política que se niegan a reconocer porque carecen de alma democrática y de ideas de libertad.

Ahora cuando las fuerzas democráticas avanzan arrolladoramente en procura de salvar al país se encuentra una piedra en el camino puestas por unos farsantes sin alma que se niegan a contarse para que el pueblo cambie de gobierno, pues no pudieron gobernar a Venezuela y fracasaron como sembradores del desarrollo.

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