Manuel Avila: Venezuela agonizante

El país se desplomó, se cayó a pedazos como su un castillo de naipes se precipitó a tierra. Todo se inició con el grito del “Po ahora” cuando aquellos militares golpistas que habían estado planificando un golpe de Estado por centurias lograron cristalizar su propuesta militarista.

A la cabeza de la intentona contra Carlos Andrés Pérez, Presidente de Venezuela estuvieron Arias Cárdenas, Urdaneta Hernández, Valderrama y tantos otros uniformados que unidos a los cerebros Don Luís Miquilena, José Vicente Rangel y Ángela Zago formaron parte de aquella intentona que terminó con Chávez en Yare y los otros militares en distintas cárceles. De ahí quedó la huella del “Por ahora” que Chávez lanzó al aire por Cadena Nacional para justificar su fracaso y Rafael Caldera ansioso de poder, decidió darle la amnistía al barinés para que el pueblo venezolano lo dejara gobernar en paz durante los 4 años de mandato.

Todo estuvo calculado y a los 4 años de otro fracaso de la oposición, insurgió Chávez como la esperanza de los venezolanos y fue electo en elecciones libres con un número considerable de votos.
Con esa elección los venezolanos consiguieron poner en Miraflores a un mandatario que ofreció sacar a Venezuela de la pobreza y hoy tenemos la miseria nacional sembrado en todos los pueblos del país.

Prometió combate a la corrupción y estos 17 años ha sido el período más corrupto de la historia nacional con delincuente de cuello rojo que se llevaron de las arcas del Estado más de 475 mil millones de dólares sacados de Cadivi y que en este momento constituye más que la deuda externa venezolana.

Saquearon al país desde todos los ministerios, convirtieron a PDVSA en la gallina de los huevos de oro del proceso, se llevaron los contratistas de la élite chavista los dólares venezolanos a los grandes bancos del planeta y terminamos con una nación considerada la más rica del Continente en un país bananero que no tiene ni papel toilette, ni agua para limpiarse el trasero, ni medicias para los enfermos, con una red hospitalaria colapsada, con los servicios públicos molidos por el paso del tiempo y con una sociedad entera destrozada por la mala gerencia.

Esa es la Venezuela que tenemos con una inflación galopante, un bolívar fuerte convertido en una caricatura y el salario más bajo del Continente y contradictoriamente con la inflación más alta del mundo.

 

En ese mundo de locura todavía los revolucionarios que destruyeron al país, todavía creen que hicieron de Venezuela la gran potencia continental porque no producimos nada para solventar la crisis nacional. Pero lo más cumbre es que seguimos regalándole petróleo y gasolina a Cuba y tenemos convenios con China que le da por más de 100 años la explotación de la minería y los bosques de nuestro país a los Chinos.
A eso hay que agregarle que las instituciones fueron secuestradas hasta convertirlas en simples borregos de Miraflores y cuando perdieron las elecciones legislativas el 6D, terminaron envalentonados y usando a la Sala Constitucional del TSJ como un disfraz de la constitucionalidad para tratar de fdar un golpe jurídico a la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

De nada le valió a Chávez y ahora a Maduro que aprobaran un librito azul que solo quedó para simular hazañas jurídicas de grandes proyecciones y que al final solo es una mamarrachada de la historia.

Así le falló la revolución al país porque no terminó metiendo preso a nadie, empobreció a todos los ciudadanos como prometió Chávez, secuestro las instituciones y convirtió a Venezuela en tierra arrasada por la lava ardiente del magma revolucionario.
Nos quedamos sin país porque la revolución nada planificó y en estos momentos de crisis no tenemos agua, ni luz y todo se redujo a escombros repentinamente porque estos tipos que tantas pajuatadas hablaron en horas y horas de cadenas presidenciales, nunca realizaron los embalses, las centrales hidroeléctricas, las petroquímicas y las obras que significaran desarrollo para el país.

Al final cuando se secó la botija del petróleo acudieron a la teoría de la siembra y la productividad agro-urbana para justificar su inutilidad productiva. Se olvidaron de los gritos de Chávez para expropiar empresas productivas y del “Venga a mí que tengo flor” para justificar la quiebra nacional en el tiempo. Ahora la revolución no puede recoger el agua derramada y solo le queda seguir adelante a los que Dios quiera.

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